Autor: Ariadna Castillo
Todo fue tan rápido, apenas puedo recordarlo. El momento mas hermoso y al
mismo tiempo el mas terrible. Pero como comenzar si aun no se como pudo suceder
tan increíble situación. Intentare, aunque no puedo asegurarles, por que ni yo
misma lo puedo entender.
La historia comienza un hermoso 5 de Junio, mi semestre tenia su fin. Ese
había sido el semestre mas difícil que recuerdo haber cursado jamás. Así que me
dije a mi misma “tienes que disfrutar de tus vacaciones, tienes que pasarlas al
máximo”. Entonces me propuse a iniciar algo nuevo, decidí que lo mejor era un
viaje a algún lugar que no conociera en mi país. Lo cual me fue muy sencillo ya
que de todos los estados que hay en este país no conozco ni la mitad. Escogí el
ideal, el cual era Oaxaca . Cuando les dije a mis padres mis planes, resultaron
un poco molestos. Pensaron que si lo hacia algo malo podía suceder. Que extraño
que mi familiar pensara eso, quiero decir ellos siempre tan pesimistas. Mi
familia es muy unida y por eso no podemos dejarnos, siempre compartimos todo lo
que sucede en nuestra vida o lo que pasa por nuestra mente.
Cuando llegue a Oaxaca, me enamore al primer instante. Ese lugar mágico se
robo mi corazón. Era la única que pensaba eso de tal lugar . El lugar donde me
quedaba era un hostal. Ya que solo nos quedaríamos a dormir. Pero este hostal
no era peculiar, tenia a dos viejecillos de dueños y esto lo hacia mucho mas
hogareño.
Ellos se robaron mi corazón. Pienso
que esto fue porque nunca tuve el amor de abuelos que estos viejecillos me
dieron desde el primer día. La viejecilla se llamaba Carlota, era una señora
muy creativa a la cual le encantaba platicar, cocinar y siempre le gustaba dar
cariño. Yo le tome cariño desde el primer momento en que la vi. Era muy tierna,
sincera y cariñosa. Tenia el cabello blanco, los ojos pequeños por la edad y de
color negro. Por otro lado el viejecillo se llamaba Timoteo era un señor muy
sabio el cual me enseño muchas cosas, me mostro nuevos caminos simplemente con
palabras. El también me mostro mucho cariño desde la entrada. Me sentía muy
triste al pensar que estos viejecillos para poder vivir tenían que seguir
trabajando. Cuando regresaba a dormir ellos siempre me recibían y aunque fuera
a altas horas de la noche tenían ganas de platicar y escucharme contarles como
había estado mi día.
Hubo una ocasión en la que vi a los viejecillos mostrarse su amor. Era la
vivía imagen de un amor que durara hasta la muerte. Esto conmovía mis ojos al
darme cuenta que el amor verdadero si existía, que no solo las películas de
Disney terminaban con finales felices. Ellos me mostraron que aunque ellos ya
no tenían familiares se tenían uno al otro,
se notaba que su amor era lo que los mantenía fuertes. Ese amor era el
que los ayudaba a mantenerse, el tiempo que estuve con ellos solo hubo una
semana la cual el pequeño hostal estuvo lleno de huéspedes. La mayoría del
tiempo las personas que iban no se quedaban porque pensaban que este lugar no
seria lo que sus expectativas esperaban. Pienso que esto era porque las
personas que limpiaban y hacían todo en este lugar eran dos ancianos, tenían
miedo que algo sucediera.
Solo me quedaba una semana, pensaba que este lugar me había mostrado
muchas cosas nuevas, las cuales me sirvieron mucho. Porque me hizo ver que el
amor es la respuesta de todo. Hubo una ocasión en que llego un señor fuerte y
alto a hablar con ellos, entraron a una habitación, segundos después salió el
señor enojado camino a la puerta. Escuche como la señora Carlota lloraba, entre
a verla y esta me dijo que se encontraba bien, que lo mejor seria que
disfrutara de mi penúltimo día en la ciudad. Los invite a cenar esa noche, no
me lo negaron ya que hace mucho que no salían. Cuando veníamos de regreso la
señora Carlota con muestra de cariño me dio un abrazo y me dijo “me hubiera
gustado poder haber tenido a una nieta como tu, Karla eres una magnifica
persona”. Yo le respondí que me sentía
alagada y que a mi también me hubiera gustado. Ella se hecho a llorar, yo no
pude contenerme así que la acompañe con lagrimas.
A la mañana siguiente tenia que irme, los viejecillos se despidieron de mi
y me dieron una cajita de madera acompañada de una carta. Me dijeron que tengas
un buen viaje, esperaremos tu regreso. Estaba a punto de llorar cuando llego el
taxi.
Cuando llegue a Querétaro, vi a mi familia esperándome. Les conté todo lo
que me había sucedido, ellos me dijeron que estaban muy contentos de que me fue
bien.
El siguiente año regrese a Oaxaca. Cuando fui en busca del hostal tuve una
grande y terrible sorpresa. El hostal ya no estaba, ahora era un local de ropa.
Pregunte a los encargados de este lugar que había pasado con los viejecillos
que Vivian ahí. El me respondió que su único hijo los había enviado a el asilo
municipal. La grande sorpresa que tuve cuando escuche la palabra “hijo” y
“asilo”, sentí que mi corazón se salía, ellos nunca me comentaron nada de tener
un hijo.
Pedí un taxi para que me llevar en busca de mis queridos amigos, cuando
por fin llegue lleve otra sorpresa en el día. Me dijeron que ellos habían muerto.
Mi mundo se derrumbo, no pude contenerme y me puse a llorar.
FIN

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