jueves, 14 de noviembre de 2013

La liebre audaz.




Por: Ariadna Castillo.

Hace mucho tiempo en el bosque, vivía una liebre muy audaz. Esta liebre no era muy peculiar, le gustaba mucho ganar y este lo hacía mediante trampas. Un día a los aldeanos se cansaron de la liebre ya que esta les había jugado ya muchas trampas. La liebre encontró otro bosque, este bosque era algo extraño, solo habían conejos. Los conejos muy amablemente le dieron la bienvenida a la liebre. Un día el conejo más sabio se presentó con la liebre, el conejo muy respetuosamente le dijo que era una costumbre sembrar zanahorias, el conejo le dio las semillas y le dijo: “al final del mes vendré a ver el progreso de tus zanahorias”, el conejo se marchó dando pequeños saltitos. A la liebre no le intereso y tiró las semillas en el camino. La liebre era holgazana no le importaba nada más que el mismo, los conejos se dieron cuenta de esto. Así que fueron a hablar con el conejo sabio, este les dijo: “A final de mes la liebre tendrá que mostrarme sus zanahorias, después de eso tendré una solución”.

Todos los habitantes esperaban ansiosos el fin de mes, no soportaban más a la liebre floja que los explotaba por ser tan serviciales. El día llego y como era de esperarse la liebre no había plantado nada, entonces esa misma mañana fue a robarle las zanahorias a una pobre coneja. El conejo sabio llego, la multitud estaba desesperada por escuchar la respuesta del conejo. El conejo sabio dijo: “Es increíble, necesito a alguien como tú para ayudarme, vendrás conmigo”. La multitud de conejos se quedaron asombrados por la respuesta. El maestro añadió: “Esta liebre necesita trabajar de verdad para poder entender que es esforzarse, yo se lo enseñare”. Un mes después la Liebre logro hacer todo lo que se propuso y toda la aldea de conejos lo aceptó.



Moraleja: siempre hay que trabajar con esfuerzo y dedicación. Para poder tener buen resultado.

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