jueves, 14 de noviembre de 2013

El león y la oveja


Por: Ana Ríos
Hace algún tiempo, en una ciudad llena de animales, a la escuela asistían todo tipo de especies, desde pequeños insectos y reptiles hasta grandes mamíferos como los elefantes. Era ya el segundo año que Dakota la oveja estaba en esa escuela, ya tenía muchos conocidos y amigos, habían cambiado de salones y eso le preocupaba un poco, afortunadamente le tocó en un buen salón, y aunque al principio no se llevaban todos entre sí, la unidad comenzó a verse reflejada en ese salón.
Por otro lado, un año más grande, existía un león que ciertamente era muy atractivo para todas, no tenía fama de ser tan bueno con ellas, es decir, se suponía que lo que mejor sabía hacer, era enamorar a las demás y nunca tener algo serio con ellas; a pesar de que todas sabían eso, a muchas no les dejaba de gustar, era como si fuera el único animal en el universo capaz de enamorar. Su nombre era Stephano.
Dakota sabía cómo era, como ellos se llevaban, a veces le contaba algunas cosas, aunque siempre se le hizo atractivo, no pensaba que algún día podría enamorarse de él, ella sabía que no era una mala persona, porque cuando Stephano quería a alguien, la quería bien, era algo extraño pero intrigante para ella.
Con el tiempo se dieron las cosas, ambos se gustaban, sin darse cuenta ella se encariñó con él y él parecía estarlo de ella también, se divertían, los demás animales se preguntaban qué pasaba con ellos, pero era algo que ninguno de los dos estaba listo para compartir; un día en la escuela las amigas de Dakota le preguntaron si ella tenía algo con él…
¡Ya dinos la verdad, Dakota! ¿Él te gusta? ¿Traen algo?- Marie la jirafa
No les puedo mentir, son mis mejores amigas, la verdad es que sí- Dakota
¡Lo sabía! ¿Por qué no nos lo querías contar?- Rose la avestruz
Es algo que se dio de la nada, y no estoy segura si algún día tendremos algo- Dakota
Con el tiempo, las salidas fueron más frecuentes, las miradas, los besos, los abrazos y las risas también lo fueron, inexplicablemente ella ya no sabía cómo estar sin él algunos días, ya no se imaginaba algo sin que él estuviera presente. Stephano parecía estar en las mismas condiciones, irrevocablemente ella comenzaba a enamorarse de él; un día, Dakota le preguntó qué eran, lo que realmente quería saber era por qué aún no tenían nada formal, él le pidió que lo esperara y ella acepto. Estúpida oveja.
Días después, ella se enteró por su amigo Oracio el orangután que Stephano había estado hablando con alguien más y un día ocurrió algo que no debía haber pasado, ella se desilusionó y decidió hablar con él…
¿Es cierto lo que ocurrió entre tú y Matilda?- Dakota
Entonces Sstephano le comenzó a contar todo lo que había pasado.
No te puedo reclamar, tú y yo no somos nada y no estoy en el derecho de echártelo en cara, tienes la libertad de hacerlo- Dakota
Pero yo no estaba bien, y lo que hice tampoco lo estuvo, no sé con qué cara te estoy diciendo esto, siempre lo arruino, perdón- Stephano.
Las cosas se pusieron tensas, Dakota no sabía cómo reaccionar y Stephano no sabía qué decir, aunque Dakota estaba segura que lo perdonaría. Días después hablaron, ella queriendo que nunca terminara, él queriendo no tener un compromiso; quedaron en que serían amigos, al principio Dakota estaba realmente triste y por otro lado, él estaba bien, después de todo Dakota era la que se había enamorado realmente. Pasaron uno o dos meses, Dakota conoció a alguien más, con miedo de volver a sufrir, pero sabiendo que el que no arriesga, no gana; Stephano en su papel de mujeriego, se dio cuenta que no era lo mismo, tal vez él sí se enamoró también, tal vez la necesitaba y no se había dado cuenta. Estúpido león.
Moraleja: esto pasa algunas veces en la vida cotidiana, no sabes lo que tienes hasta que lo ves perdido y es ahí cuando sabes cuánto valen las personas.

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