Había una vez una hija
que vivía con su mamá, su papá se había separado de ellas porque habían tenido problemas.
El casi no frecuentaba a su hija, sin embargo ella aprendió a vivir sin él, sin
necesitarlo, sin necesitar a nadie más, había comprendido que las personas no
siempre están, que hay que comportarse de la manera en que se quiere y se
siente debe hacer el momento, porque sin importar las acciones buenas o malas
que hallas hecho con las personas, ellas actuaran de la manera que les convenga
en el momento, así que lo mejor es seguir lo que se siente y lo que se quiere.
Su vida era, por decir,
normal, era feliz, tenía problemas como todos, solía ser fuerte pero a veces
todo se le caía encima, a veces los problemas se hacían grandes de la nada y no
encontraba más razones para sentir, soñar, luchar. Había momentos en los que se
sentía tan grande, tan capaz, y otros en los que se sentía completamente impotente,
sentía que sus acciones no tenían reflejo alguno, que nadie notaba las buenas
si no sólo las malas, estaba muy confundida.
Tenía amigos muy
buenos, con ellos tenía otro mundo completamente, adoraba a su mamá pero a
veces no al comprendía, no se sentía realmente valorada por ella, había muchas
cosas porque se madre notara sus sentimientos, pero no había conseguido uno de
sus más grandes objetivos, que creyera en ella, que se sintiera orgullosa de
ella, ¿Y si su propia madre no lo hacía? ¿Quién sí?. No sabía que había hecho
realmente mal para ganarse tanta desconfianza de parte de sus padres, que
hiciera que ellos creyeran más en cualquier persona antes que en ella. Aceptaba
que no era perfecta, ni la mejor hija, pero tampoco la peor, se comparaba con
otras personas y no encontraba un por qué.
Tenía si bien poca
edad, pero realmente había pasado por mucho; separación, amor, dolor, lagrimas,
muerte, felicidad en su máximo punto, todo sin excepción la hizo ser más fuerte
y comprender muchas cosas de la vida; nadie ni nada es para siempre, las
personas no cambian, nadie va a hacer más o menos por ti de lo que ya tengan
pensado, las acciones malas las tomaran siempre, las buenas no.
Un día normal en su
escuela, conoció a una persona y cuando la vio no tenía idea de lo importante
que iba a ser para ella, que se convertiría en su persona favorita en el mundo,
que en él encontraría apoyo, cariño, confianza, que creyera en ella y que la
valorara, que esa persona la iba a hacer sentir relevante e importante. Con él conoció
muchas nuevas cosas, sentimientos por ejemplo, sentimientos que no sabía que
podía sentir a su edad, él la hizo cambiar muchas cosas para bien, la hizo
aprender y reflexionar, la hizo saber que lo necesitaba y él a ella, que su
felicidad dependía en gran parte de su unión.
A partir de él, todo
era diferente porque le había enseñado a hacer algo contrario a lo que siempre
hacia, ver el lado bueno de las cosas, saber que todo siempre mejora y que ¡La
vida no es complicada! Nosotros nos la hacemos así. No todas las historias
tienen un final bueno, ni un final malo, algunas ni siquiera tienen final y
esas son las mejores. La vida es esa historia de la que no conocemos final, de
la que no sabemos ni siquiera en donde empieza, pero el tiempo que vale es el presente,
lo que vale es lo que tenemos y lo que vamos a tener, el pasado siempre sirve
de experiencia, pero si todo es solvencia, nunca se avanzaría por sí mismo, a
veces tenemos que conocer lo peor para que querer lo mejor, y conocer lo mejor
para luchar por tenerlo.
Hay personas que cambian
vidas, para ella él era una de esas, y tal vez mañana ya no estaría, o tal vez
siempre lo haría pero iba a disfrutar las cosas y las personas que tenía en el
momento iba a dar todo por ellas, para que nadie ni siquiera ella misma se
pudiera reclamar al respecto. Hay que vivir y dejar vivir porque vida es una,
es nuestra y nosotros somos los únicos que hacemos el camino por el cual se
irá, nada en su vida dependería más de alguien, ella era, ella creía en ella, se
conocía como nadie, y lo más importante era que sabía que quería y sobre todo
que no quería más; eso es lo más importante para saber qué hacer y por donde
dirigirse.
Había aprendido a que
hay momentos difíciles pero hay personas que los hacen mejores, hay personas
que hacen cualquier cosa mejor y esas son el propósito de la vida, son las que
valen, son las por las que hay que luchar y dejar luchar, y todos deberíamos
aprender para ser una de esas personas maravillosas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario