lunes, 18 de noviembre de 2013

Ella


Había una vez una hija que vivía con su mamá, su papá se había separado de ellas porque habían tenido problemas. El casi no frecuentaba a su hija, sin embargo ella aprendió a vivir sin él, sin necesitarlo, sin necesitar a nadie más, había comprendido que las personas no siempre están, que hay que comportarse de la manera en que se quiere y se siente debe hacer el momento, porque sin importar las acciones buenas o malas que hallas hecho con las personas, ellas actuaran de la manera que les convenga en el momento, así que lo mejor es seguir lo que se siente y lo que se quiere.

Su vida era, por decir, normal, era feliz, tenía problemas como todos, solía ser fuerte pero a veces todo se le caía encima, a veces los problemas se hacían grandes de la nada y no encontraba más razones para sentir, soñar, luchar. Había momentos en los que se sentía tan grande, tan capaz, y otros en los que se sentía completamente impotente, sentía que sus acciones no tenían reflejo alguno, que nadie notaba las buenas si no sólo las malas, estaba muy confundida.

Tenía amigos muy buenos, con ellos tenía otro mundo completamente, adoraba a su mamá pero a veces no al comprendía, no se sentía realmente valorada por ella, había muchas cosas porque se madre notara sus sentimientos, pero no había conseguido uno de sus más grandes objetivos, que creyera en ella, que se sintiera orgullosa de ella, ¿Y si su propia madre no lo hacía? ¿Quién sí?. No sabía que había hecho realmente mal para ganarse tanta desconfianza de parte de sus padres, que hiciera que ellos creyeran más en cualquier persona antes que en ella. Aceptaba que no era perfecta, ni la mejor hija, pero tampoco la peor, se comparaba con otras personas y no encontraba un por qué.

Tenía si bien poca edad, pero realmente había pasado por mucho; separación, amor, dolor, lagrimas, muerte, felicidad en su máximo punto, todo sin excepción la hizo ser más fuerte y comprender muchas cosas de la vida; nadie ni nada es para siempre, las personas no cambian, nadie va a hacer más o menos por ti de lo que ya tengan pensado, las acciones malas las tomaran siempre, las buenas no.

Un día normal en su escuela, conoció a una persona y cuando la vio no tenía idea de lo importante que iba a ser para ella, que se convertiría en su persona favorita en el mundo, que en él encontraría apoyo, cariño, confianza, que creyera en ella y que la valorara, que esa persona la iba a hacer sentir relevante e importante. Con él conoció muchas nuevas cosas, sentimientos por ejemplo, sentimientos que no sabía que podía sentir a su edad, él la hizo cambiar muchas cosas para bien, la hizo aprender y reflexionar, la hizo saber que lo necesitaba y él a ella, que su felicidad dependía en gran parte de su unión.

A partir de él, todo era diferente porque le había enseñado a hacer algo contrario a lo que siempre hacia, ver el lado bueno de las cosas, saber que todo siempre mejora y que ¡La vida no es complicada! Nosotros nos la hacemos así. No todas las historias tienen un final bueno, ni un final malo, algunas ni siquiera tienen final y esas son las mejores. La vida es esa historia de la que no conocemos final, de la que no sabemos ni siquiera en donde empieza, pero el tiempo que vale es el presente, lo que vale es lo que tenemos y lo que vamos a tener, el pasado siempre sirve de experiencia, pero si todo es solvencia, nunca se avanzaría por sí mismo, a veces tenemos que conocer lo peor para que querer lo mejor, y conocer lo mejor para luchar por tenerlo.

Hay personas que cambian vidas, para ella él era una de esas, y tal vez mañana ya no estaría, o tal vez siempre lo haría pero iba a disfrutar las cosas y las personas que tenía en el momento iba a dar todo por ellas, para que nadie ni siquiera ella misma se pudiera reclamar al respecto. Hay que vivir y dejar vivir porque vida es una, es nuestra y nosotros somos los únicos que hacemos el camino por el cual se irá, nada en su vida dependería más de alguien, ella era, ella creía en ella, se conocía como nadie, y lo más importante era que sabía que quería y sobre todo que no quería más; eso es lo más importante para saber qué hacer y por donde dirigirse.

Había aprendido a que hay momentos difíciles pero hay personas que los hacen mejores, hay personas que hacen cualquier cosa mejor y esas son el propósito de la vida, son las que valen, son las por las que hay que luchar y dejar luchar, y todos deberíamos aprender para ser una de esas personas maravillosas.

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