jueves, 14 de noviembre de 2013

Hambre



Por: Ariadna Castillo

Un sábado por la mañana mis papás y hermano salieron a desayunar, yo me quedé en casa porque estaba muy cansada como para despertarme.

Cuando me desperté me di cuenta que mis padres no habían regresado, pasaron dos horas y escuché algo crujir, cuando de pronto me di cuenta que era mi estomago el que estaba produciendo esos ruidos. Moría de hambre así que fui a la nevera a  buscar algo que calmara el monstruo que crujía dentro de mí.



Para mi desgracia no había nada ni en las repisas ni en la nevera, estaba perdida. Lo único que podía hacer era esperar en la agonía, tuvieron que pasar 3 horas para que mis padres trajeran la despensa nueva. Estaba tan hambrienta que si no hubieran llegado me hubiera devorado a mi propia hermana. Cuando entraron a la casa tomé las nuevas cosas para comenzar a cocinarlas cuando de pronto me doy cuenta que para mi mala suerte la estufa no prendía. Subí a ver cuanto había de gas, para mi sorpresa ya no había nada, mi hermana se baña con agua hirviendo y había agotado el poco gas que quedaba. Por esta razón siempre hay que ser precavidos y levantarse temprano, ese es mi consejo.

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